miércoles, 10 de julio de 2013

"Museo de Arte Colonial" en Sancti Spíritus, visión de la cubanísima Mayra Pardillo Gómez


Cien puertas hacia el pasado

Erigida a mediados del siglo XVIII, en la  casona que hoy acoge al Museo de Arte Colonial, primera edificación de dos plantas de esta ciudad, sobresale el vanidoso lema del escudo familiar: “El que más vale no vale tanto como Valle vale”.

 El inmueble es conocido como Palacio Valle Iznaga, apellidos de dos acaudaladas y aristocráticas familias que vivieron sueños y tal vez desilusiones, a pesar de su riqueza material, entre sus confortables paredes, rodeados por un lujo deslumbrante.

No obstante, como más se le conoce es como la Casa de las cien puertas, por poseer igual número de aberturas, entre puertas y ventanas, por donde penetran el aire, el sol o los visitantes.

La mansión está ubicada en el Centro Histórico Urbano de esta localidad, fundada en 1514 por el Adelantado Diego Velázquez, a unos 350 kilómetros al este de la capital de este país caribeño.

Una leyenda oral relata cómo el piano –uno de los primeros introducidos en la isla– situado en la sala de música, fue llevado en hombros por esclavos desde el puerto de Casilda (Trinidad) hasta esta ciudad, tras recorrer 80 kilómetros.

El Centro Histórico Urbano de Trinidad y el Valle de San Luis o de los Ingenios, fue declarado por la UNESCO en 1988, Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Los dueños de la casa poseían grandes extensiones de tierra para el ganado mayor, ingenios azucareros y otras propiedades, con la que amparaban una vida ostentosa.

Según datos consultados, en 1846 la mansión es objeto de grandes cambios al renovarse la ebanistería, carpintería, y los trabajos en hierro fundido, logrando una gran variedad en el diseño de las rejas y balcones, mientras se sustituyen con mármol los anteriores pisos.

El Museo de Arte Colonial de Sancti Spíritus radica allí desde el 10 de octubre de 1967, y cuenta con más de una decena de salas de exposición permanente, donde predomina el siglo XIX cubano, en el que sobresalen las mamparas y vitrales, con su admirable colorido.

Entre las colecciones del Museo están las porcelanas, elaboradas en las más prestigiosas fábricas europeas, y las lámparas españolas de las habitaciones. También figuran dos grabados suizos del famoso holandés Leopoldo Luis Robert.

Secretos bien guardados

El mueble más antiguo de la casa, la denominada "Cómoda de Iglesia" o "Sacristía", posee cuatro gavetas con tiradores de plata y una quinta secreta, oculta en la moldura del mueble e imposible de ser descubierta a simple vista.

Era esa época de guardar con celo cartas de amor, poemas, flores mustias, diarios, documentos legales como los testamentos, y nada mejor que un mueble como éste con un escondrijo, para evitar miradas indiscretas.

La cocina es otro lugar de cita obligada para adentrarse en el modo de vida de un pasado que ya carga algunos siglos. Es allí donde se halla la caja de agua, mueble típicamente cubano.

Cuenta la leyenda popular que la caprichosa joven a quien estaba destinado el piano, que como ya se dijera fuera traído en hombros de esclavos, desde Trinidad, al sur de esta provincia, a Sancti Spíritus, cuando logró su objetivo se negó a extraer de él ni la más mínima nota musical.

Los motivos de ese rechazo o desdén hacia el preciado instrumento nunca han sido sacados a la luz, o al menos quien esto escribe los desconoce.

Jamás podría imaginar la muchacha que al transcurrir el tiempo sería admirado por cientos de visitantes, que mostrarían interés por conocer más acerca de los misterios que lo envuelven.

Sacarán sus propias conclusiones, parafraseando a un colega, de la infrahumana vida que llevaron estos hombres y mujeres traídos desde la lejana África.

El museo exhibe más de dos mil quinientos elementos de las artes decorativas, la plástica, y la arquitectura, muestra del esplendor de los ricos acaudalados, que hicieron fortuna con alianzas matrimoniales y la explotación de ingenios azucareros y de esclavos.

Quizás el secreto mejor guardado y que despierte mayor curiosidad sea el porqué aquel piano tan ansiado, lógicamente costoso para estar a la altura de la riqueza del comprador, quedó relegado. Tal vez capricho juvenil... Tal vez frente al piano se vio que hacer música era más difícil de lo que parecía... ¡Quién lo puede saber hoy día!

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